Las definiciones.

La poiesis, la mímesis y el logos…vindicación de la dialéctica, el diálogo con el otro.

Por Pazionon Teer. 

Las definiciones son como las armas, aportan seguridad al que las tiene y en la mayoría de las ocasiones se usan contra quien menos lo merece. Cuando encerramos un concepto en el estrecho molde de una definición, nos arriesgamos a desechar nuevas perspectivas que amplíen nuestra visión de la idea. Por otro lado, la confortable y cálida sensación de haber descubierto un punto de anclaje en un universo de subjetividad nos acerca a la épica intelectual, la confirmación de una visión del mundo. La episteme occidental se apoya sin solución de continuidad en unas cuantas definiciones y las utiliza como los axiomas de un teorema matemático para probar la validez de razonamientos ulteriores. Esas definiciones alcanzan a palabras como arte, poder, ideología, política y educación. Pero eso que saben los intelectuales más despiertos es que sus definiciones han de ser dinámicas, no sujetas a la inmovilidad sino de una esencia líquida frente a una materia sólida. Líquidas e intersubjetivas sin llegar nunca a una definición total sino a aproximaciones razonables y razonadas. Esto solo puede conseguirse mediante la dialéctica en el sentido de diálogo con el otro. La única forma de superar el horizonte de expectativas particular es adentrarse en el horizonte ajeno y descubrir desde la otredad para confrontar la mismidad. Si se obvia el diálogo como la forma de alcanzar conocimiento real sobre las ideas, nos adentramos en la gran catástrofe de caer en la tautología como podría ser el caso de toda la Matemática en la que en vez de crear en la forma de poiesis se representa en forma de mímesis y se llega exactamente al mismo punto de partida siguiendo un camino diferente. Así, si uno más uno es dos es simplemente porque así lo hemos decidido a partir de unos nombres que hemos acordado convencionalmente, y el resto de ecuaciones más complicadas podrían no dejar de ser tautologías en las que la complejidad nos hace perder de vista su esencia tautológica. Si dejamos que suceda lo mismo en la construcción del conocimiento y pretendiésemos hacer pasar por creaciones lo que son simples descubrimientos a partir de unos axiomas predefinidos estaríamos cerrando el paso a otras perspectivas igualmente válidas pero que no se sustentan en esos mismos axiomas. La gran fortaleza de la interpretación es la multiplicidad de análisis, la variedad de acercamientos, las diferencias de enfoques y esto se traduce en la necesidad de miríadas de mentes que piensan de forma original y se sustentan en sus propios razonamientos. El mundo de las verdades objetivas se puede dejar para los cursos de filosofía y los currículos escolares pero la realidad abraza el razonamiento como palabra, el logos de igual manera que necesita de la alegoría, la historia, el propio mito. Los mitos se renuevan y el logos permanece como único asidero de nuestra propia cordura, la salvaguarda de una cierta identidad que se transforma en el mito cambiante de la historia personal, de la vivencia individual que nos hace ser un individuo siempre distinto aunque de alguna forma el mismo. Somos una historia que se cuenta y nuestro conocimiento forma parte esencial de esa historia que se redefine constantemente como una nueva germinación a partir de las semillas de la anterior generación. De esta forma dialógica entre las identidades personales cambiantes de cada individuo y de otros individuos es como se alcanza la auténtica capacidad de llegar a conocer en el momento preciso cualquier concepto inteligible.

Un acercamiento al arte

La creación frente al descubrimiento, lo original frente a lo representado. Esa es la dialéctica en la que se deslizan los movimientos artísticos. Crear en el arte es descubrir o redescubrir un valor. El valor estético, ético, político, económico o cultural en el sentido más amplio, está siempre presente, no tiene fin, es eviterno porque ha tenido un comienzo pero ese comienzo está engarzado con la misma esencia humana. Comprender qué es el hombre es adentrarse en el cosmos de sus valores. La humanidad como cualidad ha de ser un agregado de valores y lo primero sería explicar de alguna forma qué queremos significar con el significante valor. Para acotarlo propongo definirlo como una cualidad que hace que ciertas realidades se consideren bienes. Esta definición, como todas se queda en algo muy superficial pero podemos ampliarla si la hacemos ostensiva mediante ciertos ejemplos. Propongo pues como valores la inteligencia, el movimiento y la transformación. Estos valores serán el trinomio en el que se puede apoyar cierta exégesis artística. Habrá otra multitud de formas de acercarse al arte planteando otros valores distintos pero quiero ensayar el enfoque desde esos tres. Para ello tengo que intentar acotar su significado de cierta forma analítica, es decir, apoyarme en ciertas definiciones, de nuevo. Así, por ejemplo, la inteligencia es la cualidad de lo que es inteligible, de lo que puede ser comprendido, el movimiento es la cualidad de lo que cambia de tiempo o lugar o lo que cambia de tiempo-lugar, de espacio-tiempo y la transformación es la capacidad de destruir la identidad y recrearla en otra distinta. Lo real se configura por una identidad en un espacio-tiempo y capaz de ser comprendido, sea por los unos sentidos u otros. De esta forma estos tres valores sirven para acercarme ostensivamente, de nuevo, a lo que es la realidad. Ahora para hacer de lo real algo artístico me propongo buscar un ejemplo poco al uso. Me gustaría penetrar en el arte de la danza, donde el movimiento empuja a la transformación que la inteligencia interpreta. Poco se ha escrito sobre el arte de la danza y en poca consideración se tiene frente a otros más académicos y más serios, por lo tanto. Sin embargo es uno de los artes más íntimos y satisfactorios para el ser humano de forma que la misma danza es un valor que conforma la humanidad. Desde los niños muy pequeños a los ancianos todos experimentan cierto goce y libertad en hacer de su cuerpo un instrumento del movimiento preconcebido, de buscar una transformación inteligente mediante el movimiento. Es de alguna forma el más primitivo de todos los artes y en ocasiones, por eso mismo, el más difícil de evaluar. ¿Qué experiencia nueva se puede aportar dentro de nuestro trinomio de valores? Esta pregunta es el inició de una filosofía estética sobre el arte en general y en nuestro caso particular quedarían por definir el propio logos del baile y descubrir el mito que nos cuenta con sus transformaciones. Considerando que la ignorancia es el punto de partida necesario para efectuar cualquier investigación hasta aquí el inicio del primer capítulo de los apuntes sobre estética de un escritor profano.

Publicado por Patus

Doctor en Psiquiatra. Profesor Universidad Zaragoza. Tutor de Residentes psiquiatría. Página web: https://sites.google.com/site/jldiasahun2/

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