Textos poéticos de Pazionon Teer.

Ni en tu casa ni en la mía. Querida fulana del desencanto, como ya ni un billete más me resta, suma la cantidad de lo que debo y saca de una vez toda la cuenta. De anticipo, cóbrate el menosprecio y de propina mi aliento que apesta, lo que falte para llegar al tanto, te lo abonaré con lo que me queda. Una medida de sábanas sucias, dos cuartos de mentirosa respuestas que con cuarto y mitad de rencor hacen mitad del doble de lo que se adeuda. Computa si es correcto el finiquito o si crees reducida mi propuesta, en cualquier caso date por pagada, pues éstas son todas mis graves rentas. Y si yo me libro de importarte algo también te libras tú de mi presencia, tómatelo al cabo como un descuento, mira que no hay mal que por bien no venga.

El día de la rebelión.             

Los desfiles, cansados de estar de pie y los mítines, aburridos de aplaudir se unieron a los carnavales desenmascarados y a las recepciones de puertas cerradas. Fue cuando los acuerdos dejaron de cumplirse y las discusiones llegaron a su fin. Ni qué decir tiene, que los discursos se quedaron sin palabras.

Pazionon Teer

De las ofensas que se reciben.                        

Escuchando lo que dicen de mí                                   

no llego a ninguna conclusión cierta.                  

Para algunos soy como rama muerta.                      

Para otros el Fénix que reviví.                              

Sí de todos recibo lo que di.                                         

Puede ser que lo que me desconcierta.                        

Es que por mala memoria no advierta.         

Quién fue al que negué y a quien ofrecí.                     

No es raro pues ser juzgado distinto.                 

Dependiendo de quién emita el juicio.                           

Pues a todos no se puede hacer bien.                

Y guiándome por mí fino instinto.                        

Creo que a todos los que hice perjuicio.                      

Habrán de perjurar de mí también.

Pazionon Teer

Predique por el desierto a los buitres y a los perros y al caer la noche de la noche más larga apuré de una acristalada copa una pócima amarga que me ofrecía el destino vestido de esqueleto. Al instante palidecí, me arrepiento de mis faltas, compensaré mis errores, alagaré mis paseos, ya nada entenderé como feo siendo que hasta feo es bonito. Cada nueva jornada será un pasto inmenso  con olor a santidad, a incienso, a puro excremento. Cada noche una espada afilada, apuntada al corazón, pendiente de un fino hilo de saliva, sangre y sudor, de savia de mis entrañas, y es que quiero seguir siendo, prolongar este momento, participar de otro intento porque aún no es hora, todavía queda tiempo.

Pazionon Teer

…..”Dios no está para nadie. Solo somos un nosotros efímero que tiene que decidir ahora o nunca. Las antorchas se consumen ciñendo la oscuridad sobre la especie. Todo se nos va y este es el momento. El tiempo de nuestra divinidad ha llegado, aprovechémoslo para crear, la vida nos va en ello”.

Definitivamente arrebatado por el deseo de escribir algo trascendente, busco una forma artística para la expresión. Detrás de esa forma se encuentra un arquetipo invisible e ideal. El arte encuentra lo que anhela cuando la forma se acerca al arquetipo. El contenido es secundario, intrascendente y, al mismo tiempo, imprescindible. No podemos crear el vacío sino crear en el vacío. Ascendiendo por un laberinto en espiral, avanzando titubeantes desde la nada hacia la nada, iluminamos el trayecto entretanto. Nuestras obras nos definen, nos dotan de identidad, del reconocimiento ajeno y si son realmente trascendentes, de inmortalidad. Cada generación crea para vivir eternamente en los otros y creando se aproxima a la divinidad. El futuro se escribe desde el pasado en la tempestad del tiempo, que se abate insensible sobre el universo. Recogemos la antorcha que ilumina nuestra parte del trayecto, el tramo de nuestro presente, y seguimos ascendiendo. La meta es desconocida y la dirección es única. Cada bifurcación es decisiva, la responsabilidad es mayor en cada generación porque el mundo es limitado. Su destrucción o su salvación quedan nuestras manos: seremos dioses o diablos. El arte nos muestra nuestra misión, nos obliga a despertar de la ilusión de la vanidad y nos alienta contra la impotencia. Todo queda en nuestras manos. Necesitamos más que nunca del otro para actuar unidos, sin fronteras, sin identidades, más allá de la desconfianza y el resentimiento. El contenido se convierte siempre en ideología, en nuestro caso la de la supervivencia. La ética es binaria: el bien, la salvación y el mal, la destrucción. La libertad de elección nos obliga a la responsabilidad. Nadie está exento de maldad pero en todos alienta el bien. La autoinculpación no nos redime de nada, Dios no está para nadie. Solo somos un nosotros efímero que tiene que decidir ahora o nunca. Las antorchas se consumen ciñendo la oscuridad sobre la especie. Todo se nos va y este es el momento. El tiempo de nuestra divinidad ha llegado, aprovechémoslo para crear, la vida nos va en ello.

Los que aún disponemos de tiempo para pensar no merecemos el honesto nombre de locos sino el humillante epíteto de enloquecidos.

Amparado en la irreflexibilidad de mi existencia reflexiono sobre la irracionalidad de mi especie y me compadezco de todos. Los que aún disponemos de tiempo para pensar no merecemos el honesto nombre de locos sino el humillante epíteto de enloquecidos. Engullidos por la sociedad de la comodidad, del entretenimiento, del crédito, del despilfarro, de la degradación hemos entregado las llaves de este manicomio a los locos más enajenados que se presentaron al puesto de directores. Como un rebaño bien adiestrado nos hemos encerrado en nuestro propio redil claudicando en nuestros derechos como ciudadanos por unas horas más de sueño, unas vacaciones en las cloacas que llamamos mares y unas excursiones por los vertederos que llamamos naturaleza. Nosotros somos los afortunados, los elegidos sobre los que se derraman las bienaventuranzas del Estado de Bienestar, los que seguiremos aumentando en número mientras continuemos pacíficamente con nuestra inercia destructora. Producción y eficacia, dominio y control: eso es todo lo que necesitamos. En la industria, en los hospitales, en los tribunales, en los ejércitos y sobre todo en las escuelas. Dominio y control sobre los más débiles para seguir siendo los amos de la creación. La nueva Santa Trinidad es el dinero, la ciencia y la tecnología, y lo que llamábamos valores se ha evaporado entre la inconsciencia y los crímenes. Somos nosotros: los civilizados, los libres, los demócratas, los pacíficos los que abanderamos la nueva humanidad. La brutalidad de la esclavitud física se reduce a un puñado de países que ni sabemos dónde están ni nos importan mientras nos sigan vistiendo y alimentando. El hambre, la guerra, la tortura, el imperio del narcotráfico, los desaparecidos, los asesinatos políticos, la imposición de la fuerza bruta no son cosas de las que tengamos que preocuparnos ni aquí ni ahora. Podemos contratar más policías y construir más vallas para separar nuestra racionalidad de su irracionalidad. Aquí, donde las mentes son esclavas voluntarias de los cuerpos felices en su opulencia creciente, nadie cuestiona la bondad del arreglo. ¿Quién podría oponerse a un sistema que cada vez subvenciona a más desposeídos, que consigue viviendas más dignas, que ofrece trabajos menos duros? Eso sería ir contra el sentido común, una absurda regresión en vez de una racional progresión. El discurso político se circunscribe a matices económicos, a un sistema de deudas y créditos que se prorrogan indefinidamente. Mientras tanto, festejamos a costa de la miseria que generamos, chupamos de la teta de la abundancia de nuestros superestados bienhechores y si abusamos de los indefensos es siempre mediante intermediarios, amparados por la lógica del mercado o escudados en el imperativo de la seguridad nacional. Los pasaportes son nuestros derechos, nuestra única identidad, lo que nos confirma como humanos de primera categoría por encima de las bestias que nos alimentan con sus cuerpos y los desgraciados que nos mantienen con su sacrificio. El sudor frío de la desesperanza es la condena de nacer en el lugar equivocado. Esa eventualidad te convierte en un ser humano sin valor añadido, indefenso y prescindible, sin recursos ni posibilidades, sin identidad. La razón ya no es una forma de pensamiento y acción que se encaja para reducir la ignorancia, la destrucción, la brutalidad y la opresión. La razón es una ecuación matemática que calcula rendimientos a partir de recursos, que manipula la naturaleza para producir grano que alimenta a los animales que devoramos en un banquete en el que solo estamos invitados los que tenemos el pasaporte de un país de verdad. Los demás son el cero a la izquierda, el reflejo deforme en nuestro espejo, el otro que no puede ser nosotros, pero que necesitamos para seguir siendo nosotros: el excluido, el paria, el esclavo. El dominio exige la sumisión y la fuerza se impone a la debilidad. La razón es ahora, por fin, una ecuación perfectamente exacta.

Hoy estoy satisfecho de ser yo

Hoy estoy satisfecho de ser yo. Cualquier cosa que signifique ser yo, cualquier parte consciente o inconsciente del mí mismo, cualquier resto de personalidad dejado ahí por mis padres, por mis amigos, por las personas a las que quiero y aprecio y también por los que odio y desprecio o por los que simplemente se han cruzado en mi camino. Ser yo es algo más que ser uno mismo. Ser yo es reconocer esa parte de energía auto animada que ama, sufre, se emociona, se entristece, se alegra, tiembla de temor, de frío de angustia, de necesidad. Ser ese cuerpo que se adormece, que está hambriento y sediento, esa mente que sueña, que recuerda los tiempos de su niñez y de su juventud, ese cuerpo que come que anda que desea que no puede vivir ni un minuto sin aire que respirar. Miles son las veces que he pensado que no soy más que un pedazo de energía de alguna forma interdependiente y a la deriva en un mar de energías que me invaden, me entrecruzan, me inundan, me recrean una y otra vez. Un eterno cambio es lo que soy , un intéprido caminar por una ruta desconocida , por un escrito a medio escribir , por una canción que se inventa cada instante . Hermoso y monstruoso , una agrupación de millones de células que viven y mueren y que sienten que se relacionan interminablemente y me configuran como un pedazo de acción en una bola inmensa de energía que llamamos universo . Tengo límites físicos porque todavía los necesito pero los límites de mi imaginación son infinitos , no alcanzo a vislumbrarlos, me desafían continuamente
y me animan a continuar en esta bella ilusión que es la existencia . Todo se incluye en la existencia pero yo soy una existencia auto organizada con sus ilusiones , sus expectativas , sus frustraciones , sus límites , sus miedos y eso es lo que me hace más humano , más de mí especie , más de los míos . No puedo dejar de agradecer su compañía, su aliento , su desdén, su oposición , su abrazo , su consejo , su ser que es el mío, en definitiva, y con el que me siento más unido de lo que jamás podré estar con ese sí mismo. Un sí mismo que me separa del otro en vez de hacerme uno con el universo y fundirme en medio de esa energía que fluye sin tiempo ni origen. En esa Mente que contiene todas las mentes de todos los seres vivos, incluso de los objetos inanimados que se relacionan con una mente, como un piano sonando, como una piedra lanzada al viento, como un ordenador traduciendo pensamientos, me siento cercano a todo, dispuesto para lo que sea y lleno de amor y de confianza en el futuro de nuestra especie.

Oclocracia o gobierno de la muchedumbre.

Elisa: 👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Precioso canto a la vida, a la que somos y a la que sentimos

IDENTIDÁ
Enfangado asta las orejas. Resiste o revienta. ¿Qué mentira es ésta? Reklamo mi derecho konjénito a disentir. Me estafaron la bida i me pudrí xin enterarme. Tanta prisa xra yegar akí, a las puertas del Infierno, infladp, kon piel ardiente de plomo de insatisfaczión i muerto por dentro. Eskupo al diablo a su kara i me kago n su padre i su nazión. Yo no soy yo nunca, por sienpre jamás. Reniego de mi raza de mi edtirpe i de mi nazión. Abrazo la lokura, la infamia i el despojo. El demonio soy Yo.

Elisa: Me gusta.
Elisa: Está muy bien. El “demonio”‘ es el único “ángel” que comprende la naturaleza humana. No su maldad sino su esencia.

Antonio: El demonio sabe más por viejo…

Quitar codicia, no añadir dinero, hace rico a los hombres, Casimiro.
Puto enamorado como puto muera quemado.

UN MONÓLOGO SOLIDARIO. Por Antonio.

Taller de escritura de los miércoles, 4 septiembre 2020, Neva del Coral

UN MONOLOGO SOLIDARIO

Un día un labrador salió a sembrar”.

Cojo mi bestia dócil – que si es dócil no es bestia-, la amarro al arado, es la hora en que la cuchilla relucen anunciando el alba y cojo el timón con mi única mano, la mula sabe bien que  tiene que sustituirme en sus giros. Recuerdo aquel que tuve que dar en una tierra muy distinta. Caminos pedregosos carreteras heridas en sus entrañas que, como una madre, parecía abrir sus brazos a los hijos de su tierra.

Ante un bombardeo, un giro hizo que el camión se retorciera esquivando la bala que solo tuvo entrada por la ventanilla, librando así la explosión que hubiese mutilado a los soldados que como marionetas llevaban colgando sus piernas. En esta ocasión las granadas siguieron dormidas.

La tierra esta húmeda, resbaladiza. El medio costal de grano lo ato a mi cintura, la mirada se detiene ante un cuerpo sinuoso exhibiendo sus curvaturas en un provocador caminar lento.

Va desnuda, todos sabemos que el verdadero erotismo está en intuir qué hay debajo del vestido. Esta observación me permite liar un cigarrillo de picadura, dejo descansar a mi acompañante que me interroga mientras ella pasea ajena al peligro al que se expone.

Mi mula y yo dialogamos con la mirada calibrando el surco para que, en su paralelismo, no sajemos su cuerpo.

Hay momentos que se detienen, y este es uno de ellos cuando, en vuelo rasante rozó nuestras cabezas y, haciendo un giro, bajó en picado y, antes  de que ella pudiera barrenar de nuevo la tierra, la cogió elevándola a media altura. No tardó el cuervo en engullir su cuerpo entero.

La mula se queda mirando y, como remate de esta escena, cae la lombriz en su boca una vez digerida por el pajarraco. Siempre hay alguien al acecho para preparar la paz, y ahí estaba el ebanista carpintero tocando las castañuelas con su pico.

Nuestras palabras no son nada. Es la tierra que se estremece en cada dentada, es el oscilar de las estaciones las que lo dicen todo; son sus sonidos, el germinar de la semilla la que se atreve a irrumpir. Es el arado el que arranca las malezas buscando la raíz de lo malo y de lo bueno y, tal vez, algún día encuentre, con olor a pólvora, mi brazo perdido.

Elisa: Me gusta. Sobre todo la alusión a la tierra y a la naturaleza.

Jose Carlos: Me gusta el tema de la mula, sus funciones y la versión de la naturaleza como madre selva.
Antonio Majaretas: Pqdmchqmama
Jose Carlos: Que quiere decir??
Antonio Majaretas: Pachamama

Publicado por Patus

Doctor en Psiquiatra. Profesor Universidad Zaragoza. Tutor de Residentes psiquiatría. Página web: https://sites.google.com/site/jldiasahun2/

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