Elisa Gracia «Música en la mochila».

No se me ocurre otra forma de presentarme que ésta:

Desde que somos muy niños (yo creo que desde que nacemos) estamos «obligados» a satisfacer determinados cánones sociales, a ser meros estereotipos. Rebelarse es muy difícil. La corriente nos arrastra y nos impide disfrutar de nuestra escasa libertad. Si eres diferente o no te identificas con «la inmensa mayoría» sufres el rechazo y la incomprensión de una sociedad alienada que no piensa por sí misma. El trabajo, los vínculos emocionales, la dependencia (de cualquier tipo)…, todo ello nos lleva a veces a tener que renunciar a ser nosotros mismos. La libertad es un ideal y una utopía. La literatura puede ser nuestro espacio de libertad si dejamos que fluya espontáneamente venda o no venda, guste o no guste. Hablo de la literatura como de cualquier manifestación artística o de cualquier inquietud personal que nos permita distanciarnos de ese engranaje social al que estamos supeditados.

Responde Fiona Kinghorn 😍😍😍😍😍Grandes verdades tienen tus palabras Elisa!!

Hoooolaaa Majeretas! Un honor estar en este grupo.

Elisa:

Soy feliz porque ahora eres tú quien me paseas, porque juntos respiramos la atmósfera entera, porque nuestros pies bailan unidos en la calle, porque ahora eres tú quien eliges mi camino, porque sueltas mi correa y me dejas jugar con otros niños, porque tú ahora eres mi dueño y yo tu mascota, porque sé que aunque me duela la vida tú nunca me sacrificarás y porque nos perderemos juntos en el Edén

Al principio había claridad en la penumbra. Los destellos de luz me
bañaban cada amanecer con su lluvia de colores. Seguía la estela
de mis sueños.

https://drive.google.com/file/d/19slGLWTEihJ2t3EAj7Cvi7CNYcE93GKP/view?usp=sharing

Me gusta que estar loco sea un oficio y también comparto con vosotros la evidencia de que muchos terapeutas carecen de sensibilidad y de empatía (y eso duele y mucho).

Tu boca callada sólo me hablaba de amor. Yo no entendía aquel extraño lenguaje metafórico. Me llamabas «Lunilla» y yo sólo veía en aquel satélite una luz mortecina y apagada que no brillaba en mi mirada. Me hubiera gustado ser el sol para lanzar destellos en la tierra y para revivir todo lo que perdimos iluminando tu cara. Me hubiera gustado arder en tu cuerpo y en tus ojos, pero tú seguías hablando aquel extraño lenguaje metafórico que yo no entendía. Te pedí un beso y juntos aprendimos cómo se expresa la carne. Aún escucho tus susurros hablándome desde el otro lado de la vida, donde no hay nada salvo el vacío de la muerte y ahora sí que entiendo aquel extraño lenguaje metafórico que te sueña en mi memoria.

Hace tiempo te levantaba de la cama porque tenía miedo. No le temía a este virus maldito sino a que dejaras de amarme, yo, que siempre deseé mi muerte pero jamás la tuya. Tú me enseñaste a amar. A veces mi corazón latía frenéticamente porque veía cómo desnudabas tu cuerpo entre las sábanas. Cuando me acercaba a ti ambos galopábamos juntos hacia el infinito del éxtasis y del placer. Un día dejaste de amarme, lo supe porque tus ojos ya no se empañaban de lágrimas cuando se emocionaban al verme sonreír. Siempre me decías que yo le daba cuerda a tu corazón. No me importa que ames a otra. Me importa que tú corazón siga latiendo con el frenesí de una nueva vida que empieza para ti ahora. Yo te estaré esperando, tumbada en las mismas sábanas en las que nos amamos tantas veces, desnuda, abierta. Beso tu fotografía y te escribo imaginariamente con la tinta de aquel bolígrafo que me regalaste. Aunque nos separe la distancia los dos seguimos siendo poetas, poetas del amor y de la belleza.

Jose CArlos: Estremecedor relato. Javier: Guapísimo 😻

Cuando una estrella se apaga deja ver la luz de la que estaba detrás, luminosa y fulgurante pero eclipsada por la otra. No quiero decir que una estrella tenga que morir para que otra luzca en su lugar sino plantear la duda de si la estrella que estaba delante resplandecía gracias a la luz de la que estaba detrás sin dejar entrever ni siquiera su rostro difuminado. Hay personas que con su afán de dominio y protagonismo no nos dejan ver a través de nuestros ojos y nos condenan a la oscuridad borrando incluso nuestro nombre en un Universo en el que la luz de unas estrellas debería servir también de luz para las otras luciendo todas a la vez con el mismo esplendor.

Cuando existe una dictadura o la imposición de unas ideas o de unas creencias o, como hoy en día, la tiranía de una sociedad capitalista que «cura» sus heridas a través del consumismo salvaje y de las modas no existe libertad expresiva porque, aunque intentes salvaguardar tus diferencias, la sociedad te margina y te rechaza.

Es muy difícil navegar a contracorriente y a veces tienes que renunciar a ser tú de cara a la galería y vivir una existencia que sólo se siente libre en soledad y que necesariamente se muerde la lengua cuando tiene que responder a las preguntas tópicas y típicas de la manada, totalmente alienada. La manada está moldeada también por el poder que, con la pobre pero complaciente promesa de proporcionarle «pan y circo», la seduce y la manipula (y necesita cumplir con su promesa porque así se evita la subversión y la falta de sometimiento). Lo más difícil no es ser uno mismo sino atreverse a ser uno mismo de cara a los demás, lo cual supone sinsabores y frustraciones y, generalmente, ocasiona tantos daños que, para evitar conflictos (aunque luego los tengamos con nosotros mismos) llegamos a autocensurarnos aunque esto suponga castrarnos y aniquilar todo aquello que nos hace diferentes. Las personas que no se dejan llevar por la corriente son incómodas porque cuestionan lo que se da por sentado como si de un magisterio se tratase. Lo aconsejable es disfrutar con gente afín o en soledad del espacio de libertad que proporciona el arte si no es panfletario o está al servicio del poder. Y no sólo se trata de imposiciones políticas sino de otras tiranías absolutistas dentro de la propia «cultura» que no permiten concesiones. En la Edad Media nadie se atrevía a cuestionar a Aristóteles o rebelarse contra la física de Newton era un sacrilegio. Por eso se necesitan espíritus críticos pero sobre todo rebeldes que de forma inteligente hagan que lo desfasado y trasnochado quede atrás, en el pasado, que es donde tiene que estar ubicado como reflejo de una época ya caduca y sin recursos.

Cuando mi mente se aletarga y el tiempo que dedico al estudio (alterado por mis fantasías y mi necesidad de soñar) es inútil y estéril recuerdo mi infancia. Desde niña necesité largas horas de trabajo para retener tan solo cuatro conceptos. Sacaba buenas notas pero no merecía la pena derramar tantas lágrimas y sentir el sudor frío de mi piel para aprobar o “destacar” en cualquier asignatura. Interrumpí mis juegos pueriles en los que mis muñecos se formulaban unos a otros preguntas sin respuesta (siempre mi “alma” fue muy filosófica) en busca de “logros” que no me satisfacían y que me obligaban a exigirme más y más. Tenía que aprenderlo todo memorísticamente y a través de asociaciones libres e indirectas. Siempre le pedía ayuda a “ella”. Nunca debí hacerlo porque al cabo de muchos años me acusó de haberle robado la vida y creo que no le faltaban motivos. Mi inteligencia no son más que jirones de palabras rotas que nunca aprendí a pronunciar, niebla espesa en la que se pierde hasta el sentido de cualquier frase fútil, destellos de alguna vieja y perdida lucidez… Cada delirio y cada ensoñación demasiado irreal me recuerdan la búsqueda imposible de encontrar un manual de instrucciones para ser “normal”. No quiero reflejarme en un cristal roto. No quiero mirar cómo transcurre la vida asomada a mi ventanal, sin formar parte de nada. No quiero desear cambiarme por cualquiera. Necesito encontrar un trabajo muy simple en el no se me tiranice. Necesito relacionarme con un ideal de persona que comprenda que soy “diferente”. Mis únicos amigos son los perros (siempre me sonríen) pero también necesito de la sonrisa de un niño. Necesito no ser mi enemiga. Y, lejos de que vea cumplido ningún anhelo, sólo hay burbujas y pompas de jabón en los que refugiarme del peligro de existir. El precio de la vida es demasiado caro.

Desde muy niña estudiaba sin parar para alcanzar el sueño más
estúpido que una persona carente de tacto y de sensibilidad puede soñar.
Quería ser médico, simplemente por poseer el título de Doctora, por la
admiración y la veneración que supondrían sus sorprendentes
descubrimientos que salvarían a la humanidad de enfermedades mortales,
crónicas, degenerativas, incurables…
(Descarga pdf)

En realidad no sé qué pasó. Éramos amigos, tal vez pudimos ser más. Nos
conocimos en la biblioteca de la Facultad. Él se conformaba con “pasar” los
exámenes. A mí me gustaba investigar. Él era un ávido lector, devoraba los
libros y los releía hasta casi memorizarlos. Yo tomaba notas de cada aspecto
gramatical, fonético, sintáctico…, desmenuzando, analizando, planteándome una
y otra vez cada cuestión, el significado oculto de cada poema, de cada estrofa,
de cada verso. ….
(Descarga pdf)

Repasaba la cartelera con el celador. Era un hombre elegante. Me
refiero a ese tipo de elegancia espiritual de los que leyendo hojas de papel se
manchan los labios de tinta. “Si no te gusta el cine, ¿por qué no pruebas con
un concierto?” Me encogí de hombros. ¿Qué era la música? ¿Ruido de
tambor o silbido de flauta? ¿Cabellos bailando o pies marcando el compás?
¿Ritmo de pesadilla o muerte de monotonía? El celador chasqueó la lengua y
me propuso que aquella noche regresase con el problema resuelto. “Música
es el latido de lo que vibra. Encuéntralo.”..
…(Descarga pdf)

Elisa nos envía video de «Belleza y locura» en el Prado. Fantástico.

Por Rino Stefano Tagliaferro.

«…[ El sopor ciega mis ojos y me tumbo en el banco de siempre. Tirito de frío en este verano de escarcha. Me abandono. Mi “alma” se pierde en una noche oscura y tenebrosa. No me asusta la penumbra. No tengo miedo. Creo que voy a emprender un largo viaje, un viaje sin retorno. Que caiga el telón.]

«MAMÁ SE PINTA LAS UÑAS«
» Mamá se pinta las uñas de un rojo mate. No le gusta que brillen demasiado. Después, con una brocha, trata de ocultar el color sonrosado de su rostro. En su época las mujeres tenían que tener la piel completamente nívea, ahora el canon de belleza ha cambiado y se llevan las mujeres de piel con el tono ligeramente tostado (sin pasarse que nunca estuvo de moda ser negra o mulata)….»

» Mis ojos estaban secos por fuera y húmedos por dentro. Tenía que derramar un manantial de llanto, necesitaba liberarme, abandonar la pena, sentir que mi corazón era libre de nuevo….»

Un relato sobre la soledad. «Sin título» . De Elisa Gracia.

(SIN TÍTULO)
“Sólo una vida vivida para los demás merece ser vivida”, ¿Dónde había leído esa
tontería? Los demás, ¿Quiénes son los demás? Esos seres que pululan por las
calles, sin nombre, ni identidad, totalmente anónimos, eternos desconocidos
que seguirán siéndolo toda la vida, aunque nos encontremos en la parada del
autobús, comprando en el Supermercado, almorzando en la misma cafetería…
Esa inmensa nada son los demás
» . …

Buenos días. Os envío un relato que escribí hace mucho tiempo. Fue una sorpresa para mí que un lector descubriese que había una doble lectura.

Añadir título

No se me ocurre otra forma de presentarme que ésta:

Desde que somos muy niños (yo creo que desde que nacemos) estamos «obligados» a satisfacer determinados cánones sociales, a ser meros estereotipos. Rebelarse es muy difícil. La corriente nos arrastra y nos impide disfrutar de nuestra escasa libertad. Si eres diferente o no te identificas con «la inmensa mayoría» sufres el rechazo y la incomprensión de una sociedad alienada que no piensa por sí misma. El trabajo, los vínculos emocionales, la dependencia (de cualquier tipo)…, todo ello nos lleva a veces a tener que renunciar a ser nosotros mismos. La libertad es un ideal y una utopía. La literatura puede ser nuestro espacio de libertad si dejamos que fluya espontáneamente venda o no venda, guste o no guste. Hablo de la literatura como de cualquier manifestación artística o de cualquier inquietud personal que nos permita distanciarnos de ese engranaje social al que estamos supeditados.

Responde Fiona Kinghorn 😍😍😍😍😍Grandes verdades tienen tus palabras Elisa!!

Hoooolaaa Majeretas! Un honor estar en este grupo.

Elisa:

Soy feliz porque ahora eres tú quien me paseas, porque juntos respiramos la atmósfera entera, porque nuestros pies bailan unidos en la calle, porque ahora eres tú quien eliges mi camino, porque sueltas mi correa y me dejas jugar con otros niños, porque tú ahora eres mi dueño y yo tu mascota, porque sé que aunque me duela la vida tú nunca me sacrificarás y porque nos perderemos juntos en el Edén

Al principio había claridad en la penumbra. Los destellos de luz me
bañaban cada amanecer con su lluvia de colores. Seguía la estela
de mis sueños.

https://drive.google.com/file/d/19slGLWTEihJ2t3EAj7Cvi7CNYcE93GKP/view?usp=sharing

Me gusta que estar loco sea un oficio y también comparto con vosotros la evidencia de que muchos terapeutas carecen de sensibilidad y de empatía (y eso duele y mucho).



Tu boca callada sólo me hablaba de amor. Yo no entendía aquel extraño lenguaje metafórico. Me llamabas «Lunilla» y yo sólo veía en aquel satélite una luz mortecina y apagada que no brillaba en mi mirada. Me hubiera gustado ser el sol para lanzar destellos en la tierra y para revivir todo lo que perdimos iluminando tu cara. Me hubiera gustado arder en tu cuerpo y en tus ojos, pero tú seguías hablando aquel extraño lenguaje metafórico que yo no entendía. Te pedí un beso y juntos aprendimos cómo se expresa la carne. Aún escucho tus susurros hablándome desde el otro lado de la vida, donde no hay nada salvo el vacío de la muerte y ahora sí que entiendo aquel extraño lenguaje metafórico que te sueña en mi memoria.

Hace tiempo te levantaba de la cama porque tenía miedo. No le temía a este virus maldito sino a que dejaras de amarme, yo, que siempre deseé mi muerte pero jamás la tuya. Tú me enseñaste a amar. A veces mi corazón latía frenéticamente porque veía cómo desnudabas tu cuerpo entre las sábanas. Cuando me acercaba a ti ambos galopábamos juntos hacia el infinito del éxtasis y del placer. Un día dejaste de amarme, lo supe porque tus ojos ya no se empañaban de lágrimas cuando se emocionaban al verme sonreír. Siempre me decías que yo le daba cuerda a tu corazón. No me importa que ames a otra. Me importa que tú corazón siga latiendo con el frenesí de una nueva vida que empieza para ti ahora. Yo te estaré esperando, tumbada en las mismas sábanas en las que nos amamos tantas veces, desnuda, abierta. Beso tu fotografía y te escribo imaginariamente con la tinta de aquel bolígrafo que me regalaste. Aunque nos separe la distancia los dos seguimos siendo poetas, poetas del amor y de la belleza.

Jose CArlos: Estremecedor relato. Javier: Guapísimo 😻

Cuando una estrella se apaga deja ver la luz de la que estaba detrás, luminosa y fulgurante pero eclipsada por la otra. No quiero decir que una estrella tenga que morir para que otra luzca en su lugar sino plantear la duda de si la estrella que estaba delante resplandecía gracias a la luz de la que estaba detrás sin dejar entrever ni siquiera su rostro difuminado. Hay personas que con su afán de dominio y protagonismo no nos dejan ver a través de nuestros ojos y nos condenan a la oscuridad borrando incluso nuestro nombre en un Universo en el que la luz de unas estrellas debería servir también de luz para las otras luciendo todas a la vez con el mismo esplendor.

Cuando existe una dictadura o la imposición de unas ideas o de unas creencias o, como hoy en día, la tiranía de una sociedad capitalista que «cura» sus heridas a través del consumismo salvaje y de las modas no existe libertad expresiva porque, aunque intentes salvaguardar tus diferencias, la sociedad te margina y te rechaza.

Es muy difícil navegar a contracorriente y a veces tienes que renunciar a ser tú de cara a la galería y vivir una existencia que sólo se siente libre en soledad y que necesariamente se muerde la lengua cuando tiene que responder a las preguntas tópicas y típicas de la manada, totalmente alienada. La manada está moldeada también por el poder que, con la pobre pero complaciente promesa de proporcionarle «pan y circo», la seduce y la manipula (y necesita cumplir con su promesa porque así se evita la subversión y la falta de sometimiento). Lo más difícil no es ser uno mismo sino atreverse a ser uno mismo de cara a los demás, lo cual supone sinsabores y frustraciones y, generalmente, ocasiona tantos daños que, para evitar conflictos (aunque luego los tengamos con nosotros mismos) llegamos a autocensurarnos aunque esto suponga castrarnos y aniquilar todo aquello que nos hace diferentes. Las personas que no se dejan llevar por la corriente son incómodas porque cuestionan lo que se da por sentado como si de un magisterio se tratase. Lo aconsejable es disfrutar con gente afín o en soledad del espacio de libertad que proporciona el arte si no es panfletario o está al servicio del poder. Y no sólo se trata de imposiciones políticas sino de otras tiranías absolutistas dentro de la propia «cultura» que no permiten concesiones. En la Edad Media nadie se atrevía a cuestionar a Aristóteles o rebelarse contra la física de Newton era un sacrilegio. Por eso se necesitan espíritus críticos pero sobre todo rebeldes que de forma inteligente hagan que lo desfasado y trasnochado quede atrás, en el pasado, que es donde tiene que estar ubicado como reflejo de una época ya caduca y sin recursos.

Cuando mi mente se aletarga y el tiempo que dedico al estudio (alterado por mis fantasías y mi necesidad de soñar) es inútil y estéril recuerdo mi infancia. Desde niña necesité largas horas de trabajo para retener tan solo cuatro conceptos. Sacaba buenas notas pero no merecía la pena derramar tantas lágrimas y sentir el sudor frío de mi piel para aprobar o “destacar” en cualquier asignatura. Interrumpí mis juegos pueriles en los que mis muñecos se formulaban unos a otros preguntas sin respuesta (siempre mi “alma” fue muy filosófica) en busca de “logros” que no me satisfacían y que me obligaban a exigirme más y más. Tenía que aprenderlo todo memorísticamente y a través de asociaciones libres e indirectas. Siempre le pedía ayuda a “ella”. Nunca debí hacerlo porque al cabo de muchos años me acusó de haberle robado la vida y creo que no le faltaban motivos. Mi inteligencia no son más que jirones de palabras rotas que nunca aprendí a pronunciar, niebla espesa en la que se pierde hasta el sentido de cualquier frase fútil, destellos de alguna vieja y perdida lucidez… Cada delirio y cada ensoñación demasiado irreal me recuerdan la búsqueda imposible de encontrar un manual de instrucciones para ser “normal”. No quiero reflejarme en un cristal roto. No quiero mirar cómo transcurre la vida asomada a mi ventanal, sin formar parte de nada. No quiero desear cambiarme por cualquiera. Necesito encontrar un trabajo muy simple en el no se me tiranice. Necesito relacionarme con un ideal de persona que comprenda que soy “diferente”. Mis únicos amigos son los perros (siempre me sonríen) pero también necesito de la sonrisa de un niño. Necesito no ser mi enemiga. Y, lejos de que vea cumplido ningún anhelo, sólo hay burbujas y pompas de jabón en los que refugiarme del peligro de existir. El precio de la vida es demasiado caro.

El-juicio-final. Elisa Gracia. Descarga

Desde muy niña estudiaba sin parar para alcanzar el sueño más
estúpido que una persona carente de tacto y de sensibilidad puede soñar.
Quería ser médico, simplemente por poseer el título de Doctora, por la
admiración y la veneración que supondrían sus sorprendentes
descubrimientos que salvarían a la humanidad de enfermedades mortales,
crónicas, degenerativas, incurables…
(Descarga pdf) la-memoria-miente (final-original) Elisa GraciaDescarga

En realidad no sé qué pasó. Éramos amigos, tal vez pudimos ser más. Nos
conocimos en la biblioteca de la Facultad. Él se conformaba con “pasar” los
exámenes. A mí me gustaba investigar. Él era un ávido lector, devoraba los
libros y los releía hasta casi memorizarlos. Yo tomaba notas de cada aspecto
gramatical, fonético, sintáctico…, desmenuzando, analizando, planteándome una
y otra vez cada cuestión, el significado oculto de cada poema, de cada estrofa,
de cada verso. ….
(Descarga pdf)Musica. Elisa Gracia.Descarga

Repasaba la cartelera con el celador. Era un hombre elegante. Me
refiero a ese tipo de elegancia espiritual de los que leyendo hojas de papel se
manchan los labios de tinta. “Si no te gusta el cine, ¿por qué no pruebas con
un concierto?” Me encogí de hombros. ¿Qué era la música? ¿Ruido de
tambor o silbido de flauta? ¿Cabellos bailando o pies marcando el compás?
¿Ritmo de pesadilla o muerte de monotonía? El celador chasqueó la lengua y
me propuso que aquella noche regresase con el problema resuelto. “Música
es el latido de lo que vibra. Encuéntralo.”..
…(Descarga pdf)

Elisa nos envía video de «Belleza y locura» en el Prado. Fantástico. Por Rino Stefano Tagliaferro.
«QUE-CAIGA-EL-TELÓN» . Microrrelato de Elisa Gracia.
Descarga

«…[ El sopor ciega mis ojos y me tumbo en el banco de siempre. Tirito de frío en este verano de escarcha. Me abandono. Mi “alma” se pierde en una noche oscura y tenebrosa. No me asusta la penumbra. No tengo miedo. Creo que voy a emprender un largo viaje, un viaje sin retorno. Que caiga el telón.]» MAMÁ SE PINTA LAS UÑAS» . Relato de Elisa GraciaDescarga

«MAMÁ SE PINTA LAS UÑAS«
» Mamá se pinta las uñas de un rojo mate. No le gusta que brillen demasiado. Después, con una brocha, trata de ocultar el color sonrosado de su rostro. En su época las mujeres tenían que tener la piel completamente nívea, ahora el canon de belleza ha cambiado y se llevan las mujeres de piel con el tono ligeramente tostado (sin pasarse que nunca estuvo de moda ser negra o mulata)….» «HOY MIS OJOS LLORAN DE AMOR» . Relato de Elisa, de MajaretasDescarga

» Mis ojos estaban secos por fuera y húmedos por dentro. Tenía que derramar un manantial de llanto, necesitaba liberarme, abandonar la pena, sentir que mi corazón era libre de nuevo….»



UN RELATO SOBRE LA SOLEDAD. «SIN TÍTULO» . De Elisa Gracia.

(SIN TÍTULO)
“Sólo una vida vivida para los demás merece ser vivida”, ¿Dónde había leído esa
tontería? Los demás, ¿Quiénes son los demás? Esos seres que pululan por las
calles, sin nombre, ni identidad, totalmente anónimos, eternos desconocidos
que seguirán siéndolo toda la vida, aunque nos encontremos en la parada del
autobús, comprando en el Supermercado, almorzando en la misma cafetería…
Esa inmensa nada son los demás
» . …



Buenos días. Os envío un relato que escribí hace mucho tiempo. Fue una sorpresa para mí que un lector descubriese que había una doble lectura.

EL CORREDOR DE LA MUERTE. De Elisa Gracia.

Elisa: No sé nada de la influencia de un lenguaje artístico sobre otro pero es evidente que en el siglo XX el cine salpicó de imágenes visuales la literatura. Un profesor hablaba de imágenes visuales e impresionistas en la poesía y en la novela (la literatura contaminada de avances tecnológicos).
No me gusta la ciencia ficción pero leí Fahrenheit 451 (el estilo de Bradbury es muy poético) y también vi la película. Son dos lenguajes distintos (las imágenes impactan más porque llegan directamente a los sentidos y no necesitan de un proceso intelectual tan elaborado). Me sorprendió (y no me agradó) que me gustase más el final que Truffaut le dio a la película: una sola imagen casi surrealista. El de Bradbury se dispersa más. Desde luego que son similares pero en la película una sola imagen (la última) llega más por su expresividad y por su simbología.
Elisa: En la novela hay mucha más complejidad (sobre todo en la psicología de los personajes).
Elisa: Y ahora estoy leyendo El hombre elefante. La película de David Lynch recoge somerante cuatro datos dispersos y crea la historia. El libro no es una novela ni una biografía. Son unas cuantas pinceladas sin sabor a ficción.

UNA LECTURA DE LA VIDA. De Elisa Gracia.

» Necesitaba leer, hablar con personajes imaginarios, ser otra, viajar en el tiempo
y en el espacio, huir de la soledad… En casa sólo había figurillas de porcelana, la guía
telefónica y muchos medicamentos para matar la ansiedad. Me tenía que entretener
leyendo prospectos médicos y los diversos anuncios que figuraban en las páginas
amarillas. Le supliqué a los vecinos que me prestaran algún libro pero sólo un profesor
cínico y desengañado que tenía la casa llena de trastos me dejó uno: “A ver si te tragas
esto”……

LABERINTO DE FUEGO
Dedicado a ti, Luismi, como todo lo bello que hay en mí.
Fui a aquella fiesta con mi traje negro de lentejuelas. Casi no brillaban ya. Mis zapatos
dejaban al descubierto las uñas pintadas de verde mosca. Tal vez si lo hubiera sabido
las hubiera esmaltado con un rojo carmesí. Los talones estaban endurecidos de tanto
andar, de tanto recorrer caminos empedrados de roca dura y afilada que sólo
conducen a una ciénaga o a un lodazal lleno de musgo y de barro ensangrentado.
Aunque lo intentaba sólo conseguía perderme por dédalos laberínticos cuya salida
nunca encontraba. Siempre tenía que girarme, dar la vuelta y marcharme sin poder
decirle a nadie: “Quédate conmigo”.
….

MEDIOEVO EN EL SIGLO XXI
Todas las mañanas recorrían el camino de los universitarios (pequeño
montículo de tierra con hierba alrededor) y mientras ella se dirigía al
pabellón de Filología su hermano lo hacía hacia el de Derecho. Ya casi era
licenciado y antes de acabar la carrera empezó a trabajar en un despacho
como abogado laboralista. Sus clientes eran agricultores, obreros de la
gran industria, albañiles, transportistas, reponedores… No les cobraba.

………………………………………………………………………………………………….

ACCION POÉTICA RADICAL CONTRA LA DESCRIMINACIÓN DEL SER, LOS PREJUICIOS Y LAS GENERALIDADES DE LAS QUE SALEN BULOS.

De como Elisa – poeta de Majaretas – responde al rechazo sufrido por los prejuicios imperantes en los funcionarios jefes piscinas municipales, los cuales le impiden ejercer la fisioterapia acuática por ser «enfermo mental». MANDA HUEVOS.

Elisa: De las generalizaciones salen bulos (peor que bulos, amarga condena) de que todos los enfermos mentales somos asesinos o delincuentes.
Elisa: Comentarios que les hice a los encargados de piscinas municipales con fisioterapia porque me excluyeron por estar enferma (y luego se da el gran lujo de permitirse generalizar).

Si les envío mi historial clínico tienen que estar preparados para no sufrir un infarto de miocardio o un infarto cerebral. Mi primer asesinato lo cometí a los cinco años. Maté a la viejita, a la abuelita y me sentó un poco mal la comida así que encima del cadáver lo poté todo, mañana sigo con mi verdadero gran asesinato hasta el último al que ya le han dado varios premios mortuorios sanguinarios. Hasta mañana. Felices pesadillas
Elisa: (Esta parte se la leyeron pero las dos siguientes no. Me bloquearon el WhatsApp). Ahí van…
Elisa: …se me olvidó algo importante. La abuelita antes de morir se retorció en fuertes convulsiones, escupió bilis negra y empezó su voz a ulular entre gritos desgarrados. La pobre anciana (llena de candoroso amor) me había dejado en herencia su perlada dentadura postiza y aún la conservo en forma de collar como preciado trofeo.
Elisa: ¿No quieren saber más nada de mí u qué?
Nadie tiene derecho a generalizar. Ésa es la madre o el origen de tantas exclusiones y demonizaciones sin culpa de nada. Son meramente gratuitas pero terriblemente dañinas.

MI VERDAD

¿Cuándo las palabras volverán a mí? ¿Cuándo mi pluma temblará de emoción sobre el papel? ¿Cuándo mi voz será el eco de otras voces? No me gustan las voces sin entonación. Yo querría atrapar susurros inaudibles de inconfesables secretos tal vez no sólo para escribirlos sino también para vivirlos.

Esta mañana alguien ha pedido en el mercado la fruta más dulce y azucarada para saborearla en su boca. «Necesito savia fresca, que todo fluya otra vez. Que nada se detenga, que todo siga». La tendera le ha respondido que la fruta madura es la más sabrosa. «No, yo la quiero joven, recién arrancada del árbol». «Esa fruta es amarga, todavía no ha vivido lo suficiente».

Me dirijo a casa sin haber comprado nada y buscando el cuarto más luminoso que pueda bañar el sol con su brillo me pregunto cuál es la edad más amarga para el hombre. Pronto llego a la conclusión de que no es la misma para todos. Hay infancias muy infelices… Con mi pluma de punta afilada rasgo un cartón viejo y escribo. «Soy capaz de transformar el instante más amargo de mi vida en un instante de serena felicidad. Sólo necesito que mi memoria me engañe un día tras otro. Yo alimentaré mis mentiras sin ningún esfuerzo porque todo en esta vida es mentira. Tal vez ya nunca pueda escribir porque cuando escribo voy en busca de mi verdad».

Elisa.

MI TRAMPA
Caí en la misma trampa en la que caían mis pacientes. Yo era una nutricionista sin escrúpulos. Niñas monas, chicas que nunca se veían lo suficientemente delgadas, jóvenes que no deseaban muscular su cuerpo sino limitar al máximo sus dimensiones… acudían a mi consulta. Yo les daba dietas hipocalóricas. Poco me importaba insistir en que hicieran ejercicio físico o no. A mí me interesaba confeccionar menús, hablarles de modelos de belleza ideales, incentivar sus alucinaciones para que siguieran viéndose gordos…, en definitiva, todo lo que pudiera darme dinero. Poco a poco fui contagiándome de esa sed de delgadez. Me hablaba a mí misma como si yo fuera mi propia cliente. Mi espejo me devolvía una imagen equivocada de mi cuerpo, la báscula me perseguía, esa báscula que existía sólo en mi mente.
Ahora «resido» en un hospital, en el Hospital Provincial y aunque pueda razonar como razono hoy he terminado entubada y tumbada en una cama. Cuando ingresé todavía tenía fuerza para machacarme físicamente con saltos, cabriolas en el aire, flexiones… Me fumaba un cigarrillo tras otro. Vomitaba todo lo que comía introduciendo mis dedos en la garganta… Sólo ayer, cuando el médico me dijo que estaba tan débil que no superaría mi incipiente neumonía pensé que estas estúpidas modas de las que muchos
nos aprovechamos son sólo eso, modas: corrientes vacías de pensamiento que llenan los bolsillos de cualquiera que se aproveche de ellas. ¿Arrepentida? Sí, pero no porque vaya a morir mañana sino por toda la gente que llené de ideas basura apropiándose de las suyas, que obsesioné, que denuncié. Cierro los ojos y me sonríe mi calavera, suficiente delgada, suficientemente mortal.

Elisa.


Robert Zirhian Uou! 👏😮
Elisa: Gracias.

DOCE AÑOS
No he necesitado mirar el calendario. Doce años ya. El despertador ha sonado como una bomba de relojería. Suena a chiste. Bomba de “relojería”. Tú eras el relojero clásico de antaño, el que lleva lupa y uniforme blanco (eras vanidoso, orgulloso y creías que vestías de médico, sólo que tu bata blanca estaba zurcida y remendada). Mientras recuerdo cómo te preparabas un café bombón (se puede decir que tú lo inventaste sin saber que se llamaría así; para ti era un simple café con leche condensada) y cómo te fumabas tu Ducados junto a aquel árbol, tu árbol, mi árbol, el árbol que lleva nuestros nombres…rompo todos los calendarios que encuentro, todos los relojes, todos los relojes “inteligentes”, digitales, analógicos, despertadores y otros instrumentos de medición como un cronómetro o un “tomate”… ¿De qué sirvió nuestro tiempo? ¿Qué aprendimos el uno del otro? ¿Por qué no me enseñaste a sobrevivir en la vorágine del trabajo? Dicen que lo tuyo fue un “suicidio profesional”. No quisiste enseñarle a nadie los secretos de la relojería mecánica y eso que arreglaste cientos de relojes y de despertadores. Ahora la relojería mecánica es una rareza más propia de coleccionistas que de personas como
yo; personas detenidas en el tiempo, soñando con recuperar a alguien que perdieron, añorando un lugar que no existió porque nuestra casa nunca fue un hogar.


No quiero que mueras otra vez. No quiero que sientas el frío letal que sentiste hace doce años, no quiero sentir el frío gélido de tu ausencia, quiero sentir cómo arde el Sol en una chimenea imaginaria, con sus ramas, sus sarmientos y sus rayos estelares, iluminado tu rostro arrogante, tu bigote y tu pelo rizado… “¿Sabes? Los hermanos Morocho se burlan de mí. Son dos hermanos de origen latino que reparan relojes antiguos. Soy consciente de que se aprovechan de mi nostalgia y de mi saudade para, subirle el precio a tanta reparación (coronas, ejes de volante, ruedas…)”. ¡Quién fuera uno de ellos con sus pinzas y su gamuza, con su artilugio (casi de laboratorio) para limpiar la grasa, con aquel aparato para cerrar las cajas compactas de aquellos relojes que eran pura artesanía, relojes de metal bruñido, una joya de orfebrería… También tú sentiste cómo todo lo que aprendiste fue sustituido por la electrónica. “Mi oficio ha muerto”, gritabas llorando…Pero no fue ese el declive de tu vida. El declive llegó cuando perdiste a dos de tus hijos. Tuviste que inventarte una vida imaginaria para ellos pero nunca creíste en ella. Sabías que aquellas fantasías estaban más próximas a la locura que a la realidad pero cerrabas los ojos y tus labios dibujaban un beso en el cristal de la ventana. Cuando yo me acercaba tú me susurrabas: “Hija, yo necesito hablar con ellos todos los días pero no sé si ellos lo desean”.

Quizá demasiado tarde, cuando ya te temblaba el pulso y tus ojos se oscurecían como los ojos de un ciego que ve mejor en la oscuridad que a la luz del día, me entregaste un libro: “El relojero práctico”. En la página de respeto estaban tu firma y tu sello. “Tienes que escribir, ‘relojera’, nunca hables de mí, de lo que fui, de lo pasó, de quién era, de quién deseabas que fuera, de tu complejo de Electra, del daño que le hice a tu madre…”. Con voz trémula y la mirada perdida (entre la vigilia y el sueño, la vida y la muerte) añadiste: “Olvida todo lo que fue dolor y pesadilla, pura fantasmagoría, rompe a trozos cualquier recuerdo que te nieble la mirada, emborrona cualquier vivencia trágica, deja atrás las huellas que dejaste al caminar manipulada y coaccionada, desdibuja y diluye cualquier mueca, cualquier gesto despectivo, cualquier vejación, cualquier castigo humillante…” y siguió y siguió con una larga e inacabable lista de “tareas” destinadas a limar las aristas de mi existencia.


Lo hice. Claro que lo hice, pero tristemente me quedé flotando en el vacío porque toda mi vida había sido sólo eso, todo lo que debía eliminar, extirpar, deturpar, destruir… Hoy he cerrado la última página de aquel libro de relojería, he visto tus ojos en mis ojos, la misma mirada castaña algo demente y desorbitada y he extraído de una caja aterciopelada y llena de polvo el primer reloj que me regaló mi padre. Nunca deja de sorprenderme. Puedes responder tú por él: “¿Por qué me regaló un reloj sin saetas?”.
Elisa

2 comentarios sobre “Elisa Gracia «Música en la mochila».

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