“Poetas malditos”

Transgresión y subversion en la poesía de Leopoldo María Panero

de José Carlos Rincon Sancho Versión Kindle

Leopoldo María Panero – “Negro sobre blanco” entrevistado por Sanchez Dragó

PANERO: RADICAL E INCLASIFICABLE.

La transgresión en la poesía de Leopoldo María Panero, anega su obra, su tenacidad, su obsesión, su irreductibilidad. El desequilibrio y el vértigo que seducen,  pueden dar lugar a paradojas y excesos.

Reconocido por la crítica desde sus inicios como uno de los mejores poetas españoles, el menor de los Panero, ha sido considerado como el prototipo del poeta maldito. Sin embargo, el propio poeta rechaza en una entrevista realizada por Guillermo Padilla[1] en la revista Leer nº 74 (1994) tal consideración. No está de acuerdo con el encasillamiento de “poeta maldito” afirmando que su caso es peor que una maldición: “Sí. Todas esas opiniones acerca de mí como “maldito” me hacen reír. Yo no escribo poemas como Ginsberg o todos esos. Yo escribo poemas como Baudelaire, muy cuidados y muy técnicos, basados  en la autonomía de la poesía con la vida. El tema del malditismo no me interesa. Me parece una horterada.

            A Leopoldo María Panero le acompaña su leyenda de alcohol y locura, su biografía de cárceles y drogas, de intentos de suicidios y manicomios, su itinerario por los abismos de la marginación, por el laberinto de su personal infierno.


Jose Carlos Rincón.

IBSEN, VERLAINE, LEON BLOY, CONDE DE LAUTRÉAMONT, NERVAL, MORÉAS, LECONTE DE LISLE

IBSEN

Ha nevado mucho sobre él,

visionario de la nieve.

Sus ojos contemplaron largas noches

y el sol rojo que ensangrienta

la obscuridad invernal:

luego miró la noche de la vida,

lo obscuro de la humanidad.

Su alma estará amargada hasta la muerte.

Una mano invisible le asió en las tinieblas.

Ecos misteriosos le llamaron en la bruma.

Su niñez fue flor de tristeza.

De Skien a Cristania.

Quiero un ataúd cerca del de mi hijo.

El lobo no me deja;

me tiene clavados sus ojos rojos.

Moriré esta noche.

Denuncia el mal inveterado.

El hombre del país de los kobolds

sale de su torre de hielo

pero flotan brumas misteriosas

Su verbo se vela humareda.

Como cráter de volcán

ni el dolor ni la alegría

turban la serenidad del cisne.

Protector del Elfo que se aduerme.

VERLAINE

Mueres en los hospitales de invierno

hablando de discípulos y descansos.

Recuerda el dolor de Rimbaud.

Arrastra la pierna y la vida.

Comienzas las flores del arte.

Cicatrices incurables, profanas músicas,

Dios caído, amor furioso.

Nació para las espinas y los azotes.

Arde la sangre y penitencia

en pozo de lava.

Prisionero del deseo,

El carnal pagano aumenta la lujuria.

La pena brota dipsómana.

Recita el salmo ausente.

LEON BLOY

Desenmascarado los vicios e injurias

es el gladiador de Dios.

Quema y empala macabramente,

estrangula a las más temibles fieras.

León Bloy ruge en el vacío.

Vive sombrío aislado, le odian.

Evitan su contacto como si

fuese un apestado

Clama desde París como Isaías sobre Jerusalén.

Relincha al oír el son de las trompetas.

Los muertos que mata son martirizados.

Espanto sepulcral, carne quemada, olor a pólvora.

El fanatismo irradia de los genios y los santos.

Ejecuta los suplicios de malos escritores.

Es el verdugo de la literatura contemporánea

(Bourguet ,Sarcey  Daudet,  Mendés)

CONDE DE LAUTRÉAMONT

No juegues al espectro.

Los perros aúllan.

Mordida el alma en la región;

el espíritu maligno se deleita,

poseso de melancolía.

Niño que grita de hambre.

Mujer que pare en el silencio

de la noche.

Ladrón furtivo de corazones.

Negras aguas reflejan constelaciones.

NERVAL

La mano encantada anda.

La cabeza está armada.

Los suspiros de la santa

gritan las hadas.

El espíritu crece

bajo las cortezas de las piedras.

Punzantes metempsicosis           

Monologan dentro de mí.

No hallé la sibila.

Los arcanos legendarios viven:

 el caballero de la muerte

manda una misiva.

Deliraba místico

en estado enloquecido.

Disociación.

Muerte por suspensión.

Caballero trajeado.

Del terror marchitan los viajeros.

Las estrellas sangran todas juntas.

Cuando el tiempo marchite las palabras

Su sentido se ahoga.

Eterno testimonio

de las rosas enterradas

que no gozan de su armonía.

Los días se van

como un palacio al que no volveremos.

Materia mortecina.

El aire quieto flota.

Cerca de mi negra caja.

El corazón pregunta lo que siente.

MORÉAS

En los cielos áticos tiñen de amatista

los dioses esculpidos en los frisos.

Es la tierra de las olímpicas divinidades

y de las musas, donde la virgen helénica,

de florecientes senos, despertó el amor del adolescente,

poniendo el embriagador vino del primer beso

sobre sus labios secos de sed.  

Alecciona el sátiro.

Otilia cruza como un mito.

Las arpas dejan escapar un trémulo acorde

en el salón de las armaduras.

La oda irá a tocarlas futuras apoteosis de la gloria.

Retrato de mujes esfíngico y encantador.

También querrá ofrecer sacrificios

a la venus carnal y matadora

Canta su amargura delante de la triunfal verdad,

y a pesar de la obsesión de los deseos clandestinos

el soplo instintivo de Mefistóteles.

El alma flota en delicado y místico ambiente.

Los corazones sangran martirizados.

El invierno será nuncio de penas.

Los besos serán pájaros en fuga.

La pena del placer perdido hace

Demandar las voces arrulladoras

y los aromas embriagantes

Su alma va a morir a la mar.

Fuera pasan los vientos de la fría estación.

Estamos ajenos a la tragedia.

RACHILDE

Trato de una mujer extraña y escabrosa,

satánica flor de decadencia

picantemente perfumada, misteriosa y hechicera,

mala como un pecado.

Cordaje de nervios agitados por una continúa

y contagiosa vibración.

Cultivó con serenidad la roja flora

de las aberraciones sexuales.

Posesa, haces brotar los aromas que

atraen a íncubos y súcubos, desoladores viciosos.

Se confunde el amor, el dolor y la muerte.

Escribe las visiones de sus años.

Así se descubren pecados antiguos,

borrados por los fuegos de los ciegos castigadores,

vedados jengibre, coloreadas áspides.

Madame la mort, la alucinación.

LECONTE DE LISLE

Como un rajá soberbio

soberbia luz de lira.

Se ve en tu poesía la selva y el león.

Fakir legendario

tu  verso está nutrido

de fulgor de Ramayamas.

Elisa: Del malditismo yo no sé decir nada. Sólo se me ocurre una tontería. Mis palabras a veces brotan de la herida que sangra, que se derrama en negro llanto, que supura bilis y que grita que nada hay tan doloroso como saberse nada o como ser olvidado en vida como si nada. A veces grito con desgarro en una noche en las que hasta las estrellas son polvo que yerra sin rumbo. Confundida trato de darle sentido a una vida que empecé a vivir demasiado tarde y de oír las voces que no escuché a tiempo pero el Universo entero susurra que ni hoy ni ayer ni nunca encontraré mi camino porque nada tiene sentido, el sentido que yo quiero darle.


Elisa: Para mí no queda ya ninguna virgen pero bueno, la Pilarica simplemente es un símbolo de mi tierra, como el Ebro, la Aljafería, la puerta del Carmen, el parque José Antonio Labordeta…, simples símbolos o iconos que son un poco míos aunque ni viví en aquella época (cuando surgieron) ni creo en ellos si es cuestión de fe.

Javier: El malditismo siempre genera un aura de leyenda y de cultismo (como las pelis de culto, quiero decir) ligada irremisiblemente a la figura del creador y la inevitable soledad que siempre lo acompaña. François Villon lo fue pero también lo fueron John Fante, Raymond Carver o Heinrich Karl Bukowski. Van cinco siglos de diferencia entre el primero y los últimos. En mi opinión los franceses son los que mejor lo encarnan por el rechazo de una sociedad mojigata, católica y sentimental a su genio indiscutible y a su atemporalidad en cuanto a motivos, temas e imágenes. Cualquier sociedad se inventa y elige con precisión de manera inconsciene a sus autores malditos y malditas en cualquier ámbito artístico. Emily Dickinson quizá sea la mejor representante femenina de este género de creadoras pero también lo pudo ser Santa Teresa y tantísimas otras mujeres que nadie conocerá por la jodida preponderancia y dominio secular del macho ante la cultura y ante casi todo. En fin, así definiría yo por encima el malditismo en las artes sin tener mucho control del tema. Es mi modesta opinión. Espero que os guste…

Javier: Donatien Alphonse François de Sade (el divino Marqués) Gabriel Nerval, Paul Verlaine pero sobre todo Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud fueron los franceses malditos más conocidos supongo…

Jose CArlos: Por parte inglesa Tennyson. Keats, Jhon Barles Frost, Dunsay, Love craft, Elisabet Sedual. Anny Levy, Yeats. Otros de modo conceptual Max NordauY Emile Brontw.Algun , etc poemas de Kliping y Milton etc.

Javier: Gregory Corso era el más maldito de aquella generación y para mí el más brillante sin contar al incomparable William Seward Burroughs…

Javier: En fin, me voy a dormir, cosa muy rara un sábado noche 💪🏼💪🏿💪
Good night dear madmen 😘😘😘😘

Publicado por Patus

Doctor en Psiquiatra. Profesor Universidad Zaragoza. Tutor de Residentes psiquiatría. Página web: https://sites.google.com/site/jldiasahun2/

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